Comunicado nº 14: Después de 70 años, la OTAN y sus “zonas de influencia”

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Comunicado nº 14

 Después de 70 años, la OTAN y sus “zonas de influencia”

        Hace ya más de 70 años se creó la OTAN para, según sus apologistas, defender Europa Occidental y Estados Unidos de una posible agresión por parte de la Unión Soviética. Esto era ya una patraña en el momento fundacional y lo es mucho más hoy en día.

        De hecho, la Unión Soviética dejo de existir en 1991 y en ningún momento se planteó su disolución, una vez que la supuesta amenaza había desaparecido. Todo lo contrario, se amplió su área geográfica de actuación. Así las cosas, hemos visto a la OTAN intervenir en Afganistán, Irak y Libia. Todas ellas intervenciones criminales, justificadas con mentiras y de cuyo carácter imperialista no cabe la menor duda.

        Y seguimos con las mentiras. En estos días, finales de enero de 2022, la OTAN está trasladando tropas a Ucrania para defender a este país de una supuesta agresión rusa. ¿Pero cuáles son las pruebas del peligro de esa supuesta agresión rusa? Unas maniobras realizadas dentro de las fronteras de la Federación Rusa pero cerca de las fronteras con su vecino. ¿Pero no ha realizado la OTAN nunca maniobras cerca de las fronteras rusas? Mas aún, uno de los puntos que la diplomacia rusa históricamente ha presentado en instituciones europeas ha sido la limitación de este tipo de maniobras y que fue despreciado por la OTAN.

        Se nos dice también que la pretensión rusa de garantizar el no ingreso de Ucrania en la OTAN es inaceptable por limitar la soberanía de ese país y por que supone dividir Europa en “zonas de influencia”.

        Entonces ¿Aceptaría Estados Unidos que, por ejemplo, Venezuela, ejerciendo su soberanía, sellase una alianza militar con Rusia, o con China, que incluyera la posibilidad de instalar armas estratégicas rusas en ese país latinoamericano? ¿Que hay de la soberanía de la República Popular Democrática de Corea para decidir de que armas dotarse para su defensa? ¿Y de la de Irán a decidir su política energética?

        Respecto a las supuestas zonas de influencia, Rusia no está pidiendo que Ucrania se integre en una alianza militar con ella, sino que no se integre en ninguna. Lo que es más bien desmilitarizar las fronteras entre la Europa Imperialista y Rusia. En esto la Federación Rusa sigue la doctrina de la extinta URSS de favorecer en la Europa Central y del Este estados neutrales. Esto se hizo, por ejemplo, en Austria y a nadie le pareció una desgracia y la URSS hizo repetidos intentos de acordar una reunificación alemana basada en los mismos principios y que fueron rechazados por Estados Unidos y sus aliados. No fue el socialismo quien dividió Europa sino el imperialismo.

        Del mismo modo, la deriva militarista de los miembros de la OTAN no es resultado de ninguna amenaza rusa sobre Ucrania sino de la naturaleza del imperialismo. Es esa naturaleza la que le lleva a querer cercar a Rusia con sus bases militares, empujarla a una carrera de armamentos que la desangre económicamente. Para acabar logrando un “cambio de régimen”, sea mediante una "revolución de color, sea mediante una intervención armada.

        Bien entendido que imperialismo no es una política que los estados burgueses pueden elegir entre otras. Dicho de otra manera y más concretamente: no se trata de elegir entre un presidente yanqui "aislacionista" y otro "intervencionista" o entre uno reaccionario y otro "liberal". Lo mismo da Ford que Chevrolet, como decía Carlos Puebla. Y lo mismo vale para los imperialismos subordinados.

        Por ello el imperialismo y, más concretamente para la actual coyuntura histórica, el bloque imperialista dirigido por los Estados Unidos necesita burguesías cipayas en los estados de la periferia. Como demuestran los casos de la propia Ucrania, la antigua Yugoslavia, Libia, Irak etc. Independientemente de que en algunos casos les haya salido bien y en otros el tiro por la culata.

        Y esta es la clave para comprender el conflicto entre los miembros de la OTAN y Rusia, en general, así como la actual crisis de Ucrania, en particular. El carácter nacionalista de la fracción actualmente hegemónica de la burguesía rusa dificulta al imperialismo, en primer lugar, el acceso a las ganancias imperialistas que se podrían obtener gracias a los recursos que alberga el inmenso territorio. A sus recursos naturales especialmente. En segundo lugar, es un "mal ejemplo" tanto para las burguesías como para los pueblos de otras naciones oprimidas. Y en tercer lugar y último puede llevar a que el estado ruso establezca alianzas con otros estados que es enfrentan a parecidos conflictos con el imperialismo yanqui y sus aliados, poniéndoles, de este modo, las cosas más difíciles en otros lugares del planeta.

        En conclusión, la OTAN no está defendiendo el derecho internacional ni la democracia en Ucrania. Está llevando a cabo una intervención imperialista. Que las masas trabajadoras desde una posición verdaderamente clasista, y por ello internacionalista, solo pueden rechazar. Pero incluso para las clases trabajadoras realmente existentes en los países imperialistas actuales, corrompidas por migajas de las superganancias imperialistas y alienadas por los medios de manipulación de masas no debería ser difícil de entender, especialmente para las de Europa, que una agresión de la OTAN contra Rusia tendría consecuencias muy graves y ninguna favorable para los trabajadores.

        En cualquier caso, llamamos a los proletarios con conciencia de clase a dar todo el apoyo a un amplio movimiento de masas contra la OTAN y la guerra que pueda tener alguna eficacia práctica en trabar la deriva militarista-imperialista, utilizando para ello todas las preocupaciones legítimas de las masas populares, pero sin renunciar a aprovechar esta coyuntura para elevar la conciencia de esas masas a niveles de clase, antiimperialistas, revolucionarios.

        Esto supone no renunciar a la lucha ideológica con otras corrientes que pueden oponerse a la dinámica belicista, pero desde posiciones que no son ni antiimperialistas, ni de clase y, mucho menos, revolucionarias. En este comunicado vamos a limitarnos a dos.

       Por un lado, están los que contraponen el europeísmo a los yanquis y la OTAN. Y, en esa línea, reclaman una “defensa” y una política exterior europeas comunes. Ante esto tenemos que decir un imperialismo europeo, si es que fuera posible, no sería mejor en ningún sentido.

        Por otro tenemos a los que con retórica de izquierdas e incluso “socialista” proponen revitalizar los estados “nacionales”, es decir, estados como el francés y el español estados imperialistas de segunda y tercera categoría respectivamente y cárceles de pueblos, como una alternativa tanto frente a la Unión Europea como a la hegemonía yanqui. Se trata, obviamente de una utopía reaccionaria que los antiimperialistas revolucionarios debemos combatir.

        Para finalizar reiterar el llamamiento a los trabajadores y trabajadoras con conciencia de clase a organizarse ante la situación aquí denunciada. Así como contra todas las amenazas a la humanidad que genera este capitalismo agónico, pero en absoluto muerto. Son tiempos para formarse, organizarse y luchar. Porque, como dijo el poeta, a quienes:

                viendo acercarse ya las escuadrillas de bombarderos del capitalismo, aún siguen preguntando cómo solucionaremos tal o cual cosa y qué será de sus huchas y de sus pantalones domingueros después de una revolución, a ésos poco tenemos que decirles.

Bertolt Brecht

 

 

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